El cartílago es un tejido extraordinariamente especializado con una mínima capacidad de regeneración que recubre las articulaciones permitiendo el deslizamiento de las mismas. La artrosis o enfermedad degenerativa del cartílago fue redefinida en 1994 por la Academia Americana de Cirugía Ortopédica como “el resultado de acontecimientos mecánuicos y biológicos que desestabilizan el proceso de formación y degradación de las células del cartílago (condorcitos) que recubre las articulaciones, desembocando finalmente en el reblandecimiento, fibrilación y finalmente destrucción y pérdida del mismo”.

Aunque existen factores de riesgo genéticos (herencia familiar), alimenticios (déficit de vitaminas), alteraciones hormonales (menopausia), tabaquismo, traumatismos previos o sobrepeso, lo cierto es que en muchas ocasiones no se encuentra una causa desencadenante clara de la enfermedad degenerativa.
Los objetivos del tratamiento no quirúrgico de la artrosis incluyen el alivio del dolor, el mantenimiento de un estilo de vida activo y el retraso del tratamiento quirúrgico. La concienciación del paciente sobre sus estilos de vida, la hidroterapia, los programas de fortalecimiento y estiramiento muscular (fisioterapia), la readaptación de la actividad, las adaptaciones del calzado y las ortesis son un escalón ineludible en las primeras fases del tratamiento.
La farmacoterapia ha proporcionado notables aportaciones en este campo en los últimos años. Los antinflamatorios de nueva generación con mínimos efectos secundarios gastrointestinales (inhibidores de la COX-2) o los fármacos condroprotectores (sulfatos de glucosalina y condroitinsulfatos) han mejorado la calidad de vida de infinidad de pacientes.

Las inyecciones intrarticulares son un elemento indispensable en el armamentario del tratamiento no quirúrgico de la artrosis. Pueden ser de dos tipos, de antinflamatorios (corticoides) o de ácido hialurónico. Las primeras son especialmente útiles para los procesos inflamatorios agudos por la rápida y eficaz remisión de los síntomas que proporcionan. Las segundas proporcionan un alivio a medio plazo al mejorar la nutrición y la lubricación de las superficies articulares.

Sea cual sea la opción elegida el paciente debe conocer que cualquier tratamiento no quirúrgico proporciona un alivio en la mayoría de los casos temporal. Nunca se debe perder la perspectiva de que a día de hoy la artrosis es una enfermedad para la que no existe un tratamiento médico curativo.