La artroplastia de cadera y rodilla con prótesis se ha convertido en los últimos decenios en uno de los pilares básicos en los que se ha apoyado el desarrollo de la cirugía ortopédica, y del que miles de pacientes se han beneficiado en todo el mundo.

La aparición de una infección profunda sobre una prótesis es, sin duda, la complicación más grave que pueden sufrir estos pacientes, que en muchos casos obligará a varias reintervenciones comprometiendo el resultado final de la cirugía.

El tratamiento estará en función del tipo de infección presente, del modo de presentación en el tiempo (aguda o crónica) y del germen responsable, así como de las condiciones locales y generales del paciente.

Los esfuerzos por mejorar las medidas de prevención y las técnicas de tratamiento, han conseguido reducir la tasa de infección en los mejores centros especializados del mundo hasta valores por debajo del 1%, muy alejados ya de las primeras referencias publicadas por Sir John Charnley hace más de 25 años (hasta un 9% en sus primeras intervenciones).

La introducción del flujo laminar y de las indumentarias de aislamiento corporal fueron algunas de las primeras medidas que lograron reducir los niveles de infección postoperatorios. Otras como la correcta profilaxis antibiótica, una adecuada selección de los pacientes, un control aséptico del ambiente quirúrgico, así como la mayor especialización y las mejoras técnicas en este tipo de cirugías, han sido los últimos factores responsables del descenso de la tasa de infección hasta los valores actuales.

Este importante avance ha sido posible gracias a una continua investigación en la búsqueda del tratamiento más idóneo para erradicar la infección periprotésica y lograr la recuperación funcional del paciente sin secuelas.