El deporte como actividad profesional y lúdica ha entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana de forma especialmente intensa en los últimos 30 años.

Desde muchas instancias de la administración en importantes campañas de promoción de la salud y en aras de la adquisición de hábitos de vida saludable, se ha apoyado el desarrollo del deporte en todas sus facetas. La conquista del estado del bienestar en el mundo occidental y la estrategia de la OMS de “Salud para todos en el año 2000”, han incorporado la práctica de la actividad deportiva en muchas de sus estrategias de prevención de la enfermedad y de promoción de la salud.

Sin embargo, la práctica de actividades deportivas en colectivos de población cada vez más numerosos ha provocado la aparición de una patología traumatológica específica que ha entrado a formar parte de la práctica habitual, en algunos casos de forma exclusiva, de muchos cirujanos ortopédicos. Los grandes avances logrados en el tratamiento de muchas lesiones traumatológicas en los últimos 25 años, con el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas y los importantes descubrimientos en el campo de los biomateriales, han mejorado de forma importante el tratamiento y el pronóstico de muchas lesiones deportivas. Muchos otros especialistas de ramas afines (médicos del deporte, rehabilitadores, fisioterapeutas, etc.) han encontrado también en la patología del deporte un amplio campo para el desarrollo profesional con infinitas posibilidades.

La exigencia social en general, y de los deportistas profesionales en particular, de conseguir una “restitutio ad integrum” tras cualquier lesión deportiva y en un plazo de tiempo lo más breve posible, necesita de la colaboración estrecha de todos los profesionales dedicados al tratamiento de la patología del deporte.

La reincorporación a la actividad deportiva tras una lesión y muy especialmente tras una intervención quirúrgica debe estar siempre supervisada por el cirujano, el médico rehabilitador o en su caso el médico del deporte, responsables de la salud del deportista. Una rehabilitación deficiente o excesivamente agresiva que comprometa los plazos críticos que la biología impone, puede resultar en un fracaso del tratamiento con impredecibles efectos sobre la vida deportiva del atleta.

Por ejemplo, la cirugía de sustitución de los ligamentos de la rodilla o del tobillo, realizada en la mayoría de los casos mediante artroscopia, ha permitido a muchos deportistas volver a la competición al mismo nivel físico previo a la lesión en plazos de tiempo que no exceden los seis meses, situación impensable hace no más de dos décadas
De forma muy especial, la cirugía de reemplazo articular (prótesis de cadera, de rodilla o de hombro) se ha convertido en las últimas décadas en el paradigma del desarrollo de la ortopedia moderna por la mejora en la calidad de vida que ha supuesto para un gran número de pacientes. Para muchos de estos pacientes el volver a practicar con normalidad tras la cirugía su deporte favorito puede ser psicológicamente deseable y médicamente aconsejable. Sin embargo, la participación en algunas modalidades de actividad deportiva puede aumentar el riesgo de desgaste o aflojamiento de alguno de los componentes protésicos. En general, se puede autorizar a un paciente con una artroplastias de sustitución articular la práctica de deportes a nivel de recreo denominados de bajo-impacto o bajo-contacto como por ejemplo el golf, la natación o el ciclismo entre otros.

Pero en definitiva la vuelta a cualquier tipo de actividad deportiva tras una cirugía del aparato locomotor dependerá en último término de la voluntad del propio paciente, siempre y cuando el resultado de la cirugía haya sido satisfactorio. No obstante, el cirujano y el médico rehabilitador tienen la obligación de instruir al enfermo en los riesgos que la práctica de algunos deportes entrañan para la supervivencia a largo plazo de todos los tipos de implantes o prótesis utilizados en cirugía ortopédica